¿Sabías que la edad de jubilación en China es más baja que en los países occidentales?

Una sorprendente diferencia en la cultura laboral global

Chinese Eldery

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Durante décadas, China ha destacado entre las principales economías por tener una de las edades oficiales de jubilación más bajas del mundo, una política que se remonta a 1978 y que solo ahora comienza a cambiar. Mientras muchos países occidentales han aumentado progresivamente la edad de jubilación en respuesta al envejecimiento de la población, China ha mantenido puntos de salida del mercado laboral considerablemente más tempranos—hasta hace poco.

Bajo el sistema tradicional, los hombres en China solían jubilarse a los 60 años, mientras que las mujeres podían hacerlo incluso antes: a los 55 años en trabajos administrativos y a los 50 en empleos manuales. En comparación, en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la edad media de jubilación ronda los 64 años para los hombres y los 63 para las mujeres, con países como Noruega y Dinamarca elevando la edad de acceso completo a la pensión hasta los 67 años.

Esta diferencia refleja históricamente variaciones en la estructura económica, la esperanza de vida y las políticas laborales. Las edades tempranas de jubilación en China se diseñaron en una época de menor esperanza de vida y un mercado laboral muy distinto. Sin embargo, el país se enfrenta ahora a una realidad demográfica profundamente cambiante.

Una población que envejece rápidamente y una tasa de natalidad en descenso están ejerciendo una presión creciente sobre la fuerza laboral y el sistema de pensiones. En 2023, la población de China disminuyó por segundo año consecutivo, con aproximadamente 2 millones más de muertes que nacimientos. Al mismo tiempo, decenas de millones de personas alcanzan la edad de jubilación cada año, creando un desequilibrio entre trabajadores y pensionistas.

Para hacer frente a esta situación, los responsables políticos chinos han aprobado un aumento gradual de la edad de jubilación—la primera reforma de este tipo en casi medio siglo. El plan elevará la edad de jubilación de los hombres de 60 a 63 años, la de las mujeres en trabajos administrativos de 55 a 58 años, y la de las trabajadoras manuales de 50 a 55 años. Estos cambios se implementarán progresivamente durante 15 años a partir de 2025.

La medida refleja la creciente presión sobre el sistema de pensiones y la economía en general. Los analistas sostienen que mantener a las personas en la fuerza laboral durante más tiempo no solo ayudará a sostener las finanzas públicas, sino que también impulsará el consumo, ya que los jubilados tienden a gastar menos.

Sin embargo, la reforma ha generado reacciones mixtas. Los trabajadores más jóvenes temen carreras más largas en un mercado laboral ya competitivo, mientras que los empleados mayores sienten que están perdiendo tiempo y beneficios valiosos de jubilación. La política también pone de relieve los efectos persistentes de la antigua política del hijo único, que ha dejado a muchos jóvenes sin hermanos con quienes compartir la responsabilidad de cuidar a sus padres mayores.

A nivel global, el cambio acerca a China a las normas internacionales, pero también subraya lo inusual que ha sido su sistema anterior. A medida que los países de todo el mundo enfrentan el envejecimiento de la población, el contraste entre la históricamente baja edad de jubilación en China y los estándares occidentales ofrece una visión reveladora de cómo distintas sociedades equilibran trabajo, bienestar y cambio demográfico.

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